Se equivocan quienes piensen que Esperanza Aguirre ha enloquecido al proponer un pacto antinatura al PSOE y a Ciudadanos para impedir que Manuela Carmena pueda ser la próxima alcaldesa de Madrid. Hoy, por primera vez en muchos años, se ha mostrado tal como es; solo ha sido necesario un revés electoral para enseñar su verdadera cara. Orgullosa, cínica, egocéntrica, autoritaria, maleducada, soberbia, engreída, así es la lideresa en estado puro. Aglutina todos los defectos de los fascistas, carece de las virtudes de los demócratas, y es capaz de todo para conseguir el poder, por lo que no serían de extrañar nuevas embestidas en los próximos días.
En democracia no vale todo, y las graves acusaciones que ha vertido sobre Manuela Carmena son de tal gravedad que podrían incluso requerir la inmediata intervención de la Fiscalía General del Estado. Lo triste y preocupante es que está convencida de que los suyos la respaldan y no se percata de que muchos de los que la han votado están ya arrepentidos de haberlo hecho. En los últimos días de campaña ya perdió los papeles, cuando era consciente de que podía no conseguir el objetivo deseado, y se comportó como una niña caprichosa y maleducada cuando acudió a denunciar la publicación de su declaración del IRPF, olvidándose de que ella exige a sus competidores que la hagan pública.
Lejos de dimitir, como muchos pensaban que iba a hacer en la rueda de prensa, se ha puesto chula y ha propuesto la refundación del PP que pretende encabezar, sin darse cuenta que ella y los dirigentes actuales son el problema, y no la solución. Pero mientras esté rodeaba de ayudantes que le ríen sus gracias, y no se percate que sus seguidores no son votantes sino feligreses, no caerá de la burra. Aunque se le nota dolida por su fracaso electoral.
Aferrarse al cargo puede resultar enfermizo, pero en este caso existen otras causas que motivan su desesperación. Está sentada en su propia mierda, y sabe que en el momento en que se levante del sillón se esparcerá a diestro y siniestro, y es más que probable que le salpique la corrupción en su propio rostro, que lo tiene muy duro y desvergonzado. Se salvó de ser encausada en el caso Fundescam, por estar prescritos los delitos supuestamente cometidos, la ley del silencio que impera en su partido la está librando de Gürtel, pero cuando pierda su poder sus propios colaboradores la dejarán a los pies de los caballos.
Esperanza Aguirre está muerta políticamente, y ni un milagro la puede resucitar.