Tengo ganas de hacer un botellón

por | 9 abril 2011

Es frecuente que  los políticos, cuando se acercan las elecciones, traten de introducir en el debate público con tono crítico temas que, por ser especialmente sensibles, ocasionan controversia entre los ciudadanos. Es una manera de adquirir protagonismo  y al mismo tiempo tratar de conseguir un puñado de votos fáciles entre los indecisos. Pero cuando no se acierta pueden sufrir la crítica de los ciudadanos, y ser penalizados por ello.
El Partido Popular de Gijón, por boca de su presidenta y candidata a la alcaldía  Pilar Fernández Pardo, utilizó el tema del botellón para criticar la incapacidad de los actuales gobernantes de resolver el problema que genera; y para ello tuvo la «genial ocurrencia» de relacionarlo con el récord guinnes  que ha conseguido nuestra ciudad durante el simultáneo  escanciado de sidra que se celebra cada año en el playa de Poniente durante el  Festival Internacional de la Sidra, y que concentra a miles de ciudadanos de todas las edades. Quizás porque  no ha nacido en Asturias no conoce suficientemente nuestra cultura, lo que la incapacitada para regir nuestros destinos. Aunque  horas, después, sabedora de las nefastas consecuencia de sus palabras,  ha reconocido  públicamente su error por considerar que el ejemplo utilizado no era el más afortunado, y ha pedido disculpas a los consumidores y profesionales de la sidra.
Coincidiendo con esta polémica el pasado viernes tuvo lugar en nuestra ciudad una espicha en el parque de los Hermanos Castro (antiguo Parque Ingles), organizada por los alumnos de Peritos de Gijón;  la que, a juzgar por el contenido de las bolsas que portaban sus asistentes, se convirtió en un verdadero botellón en el que participaron miles de jóvenes asturianos. Lo curioso es que el lugar para su celebración fue cedido por el Ayuntamiento de Gijón,  dado que la Universidad de Oviedo  se niega a facilitar  el uso del campus universitario; lo que puede interpretarse como un gesto de desconfianza hacía los propios alumnos a los que dicen estar preparando para el futuro.
El botellón, como fenómeno social no es malo en si mismo; nuestros jóvenes alegan en su defensa que lo encuentran divertido, les permite comunicarse mejor que en los pubs llenos de gente, ahorran dinero, es una manera de desconectarse de sus obligaciones, y al mismo tiempo consiguen estar con sus amigos. Lo llamativo es que hacen lo mismo que les hemos enseñado quienes nos consideramos responsables de su educación, ya que con nuestros habituales comportamientos les hemos inculcado la tradición española de vincular la bebida con el ocio.
Lo malo y  perverso del botellón es el exceso de consumo de alcohol en el que pueden incurrir jóvenes de muy corta edad. Pero en eso tienen la culpa los padres que han sido incapaces de dedicar el tiempo necesario para educar a sus hijos, por lo que echar la culpa de todo lo malo que pasa en nuestra sociedad a las autoridades es un recurso fácil pero equivocado.
La solución para afrontar el fenómeno social del botellón es muy compleja, y  no se arregla prohibiéndolo o mandando a los policías locales para controlar a nuestros jóvenes. Quizás si fuésemos capaces de aumentar su autoestima y garantizarles que su futuro está asegurado, podríamos encontrar el remedio.
En cualquier caso, siempre he tenido ganas de hacer un botellón, aunque fuese por un día, para conocer de verdad las sensaciones que sienten nuestros jóvenes. ¿Alguien se apunta?.

(Artículo destacado en elplural.com aquí).

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