Fernando Sánchez Dragó, un «depravado mental», dicho sea en sentido «literario»

por | 29 octubre 2010

En un libro autobiográfico escrito conjuntamente con Albert Boadella, y en el que ambos  nos cuentan lo «inteligentes» que son y no tienen ningún rubor en cuestionar el sistema democrático por entender que su voto vale más que el del resto de los ciudadanos, Fernando Sánchez Dragó alardea de sus experiencias personales y nos cuenta que «En Tokio, un día, me topé con unas lolitas, pero no eran unas lolitas cualesquiera, sino de esas que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rimel, tacones, minifalda… Tendrían unos trece años. Subí con ellas y las muy putas se pusieron a turnarse. Mientras una se iba al váter, la otra se me trajinaba«.

Parece ser que el «intelectual» Sánchez Dragó, que ha reconocido haber contado esta anécdota en muchas tertulias en las que despertaba risas , suponemos que entre los palmeros de turno, se jacta ahora de hacerla pública al haber prescrito el supuesto delito cometido, aunque culpa a las menores de haber sido las acosadoras.

La deleznable anécdota fue comentada por  el periodista Xabi Larrañaga en un artículo publicado en noticiasdenavarra.com el pasado 23 de octubre, y su difusión ha ido en aumento durante la semana, hasta el punto de que ha sido noticia de primera página en la prensa nacional, ha motivado que  el comité de empresa de TeleMadrid haya solicitado su destitución como presentador de  «las noches blancas«, y más de un librero ha decidido negarse a la venta del libro.

Fernando Sánchez Dragó, que siempre se jacta de ser «intelectualmente» superior a los demás, ha negado que la historia fuese cierta, atribuyéndola a una «anécdota» pero «literaturizada«, olvidándose de que es un libro de vivencias y pensamientos personales; y  se le ha visto inusualmente nervioso e inquieto  en las últimas horas ante el cariz que ha tomado la noticia y las consecuencias que le puede acarrear en el futuro, en especial en Japón, país con el que guarda numerosos vínculos sentimentales y profesionales, y en donde la sociedad castiga por  igual al sinvergüenza y al mentiroso.

Como no podía ser menos, Doña Esperanza Aguirre, la ex ministra de cultura más «culta» de la historia de nuestra democracia, que llegó incluso a creerse que Saramago era una mujer,  lo justifica afirmando que «la literatura es sólo literatura», olvidándose de que «Dios los crea….» no es una novela sino un libro de vivencias personales.

Acorralado al ser calificado por casi todos como pederasta sin escrúpulos, atribuye su relato a una pura fantasía sexual, de lo que sabe mucho Pedro J., que ha acudido en su defensa;. ¿quién no ha tenido alguna vez una fantasía sexual con una menor?» ha llegado a afirmar, sin percatarse de que el equilibrio mental de la mayoría de los seres humanos que tanto desprecia, está más saneado que el suyo, que a buen seguro no pasaría la ITV de la decencia.

«Juro por mi honor que nunca he tenido trato erótico con menores«, ha llegado a afirmar. Aunque carece de dignidad es posible que sea cierto, porque los fantasmas son incapaces de eyacular; pero le pierden sus invenciones y su prepotencia, y esta vez ha cruzado la línea roja. La sociedad no le va a perdonar, y lo sabe; con los menores no se juega.

(La fotografía esta tomada en el puerto de Ribadesella, con la luz de un buen atardecer).

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