Luis Bárcenas dimite como tesorero del PP una semana después de haber declarado como imputado «provisional» (figura inexistente en nuestro ordenamiento jurídico hasta que fue inventada por el Tribunal Supremo), y lo hace de forma «transitoria», y hasta que pueda demostrar su inocencia. Parece ser que es consciente de que no ha convencido al juez de su inocencia, a pesar de la alegría que demostró a la salida del Tribunal Supremo por haber tenido la oportunidad de decir «toda la verdad».
La noticia, no por esperada, ha sorprendido a propios y a extraños, y puede ser una demostración de debilidad ante las graves acusaciones que se han formulado frente a él. Si todo es un montaje, como reiteradamente afirmaba Mariano Rajoy, ¿por qué dimite ahora?; ¿no será que ya sabe oficiosamente que el suplicatorio para que declare como imputado «definitivo» está a punto de ser remitido al Senado?.
Con su dimisión a finales del mes de julio Luis Bárcenas ha conseguido convertirse en el protagonista del culebrón político del verano; y es más que probable que disfrutará de un un otoño caliente cuando se levante el secreto y se descubra toda la verdad, es decir, mucho más de lo que se conoce en la actualidad.
Lo que no entiendo muy bien es el contenido del comunicado que ha difundido a los medios de comunicación para «justificar» su dimisión; si, como dice, ya ha aportado pruebas que demuestran su inocencia, ahora es precisamente cuando no debería de dimitir.
De demostrarse, como insinua el fiscal, que Bárcenas «encubrió» con un crédito el dinero que le dio Correa, que no habrá hecho como tesorero del PP para ocultar dinero B destinado a las activivades propias de su partido; ¿nadie sabía nada de sus andanzas?.
Por cierto Don Luis, ¿por qué no dimite, aunque sea de manera provisional, como senador? ¿Considera decente sentarse el próximo mes de septiembre en el Senado como representante del pueblo? Lo cierto es que la política está llena de impresentables y así no vamos a ninguna parte.
(La foto refleja una vista del puerto deportivo de Gijón desde la Playa de Poniente; una escena que ya no podremos ver más al estar ocupado el horizonte por el edificio en donde se ubica el Talasoponiente; produce tristeza la escasa sensibilidad para respetar los espacios abiertos).
(Publicado aquí en elplural.com)