Pertenecen al tercer mundo, proceden de países subdesarrollados, y tan solo buscan un destino aparentemente mejor. En los últimos años los vemos transitar por nuestras calles desorientados pero felices, vendiendo cualquier cosa que les permita subsistir hasta que puedan legalizar su situación y conseguir un puesto de trabajo que estabilice su presencia en un país desarrollado. Con un ridículo sueldo se conforman; no tienen nada, y el consumismo aún no ha invadido sus mentes.
Cuando me cruzo con alguno de ellos me pregunto de donde viene y a donde va; quizás ni él mismo lo sepa, pero ya ha llegado, tiene intención de quedarse, aunque no renuncia a volver a su país de origen cuando tenga dinero. Son los inmigrantes, de raza negra, que proceden de países subsaharianos; los que para llegar a nuestro país han tenido que asumir grandes sacrificios y numerosos peligros, que Eneko -ese gran dibujante que acabo de descubrir- refleja magistralmente en su viñeta gráfica.
Se merecen una oportunidad, y en especial respeto, mucho respeto. Son seres humanos como nosotros, pero muy orgullosos y con una gran capacidad de sacrificio. Y nos pueden aportar mucho, en especial humanidad, buena conciencia y sentido de la solidaridad.
El mundo cambia con rapidez, las fronteras van desapareciendo poco a poco, y vamos camino de ser ciudadanos del mundo. Solo falta que todos tengan las mismas oportunidades para conseguirlo. ¿Utopía?, es posible; pero me gusta tener ilusión por lo imposible, y así me siento mejor.